Un inversionista y un usuario final miran el mismo plano y ven cosas distintas. El usuario piensa en cómo va a trabajar ahí; el inversionista, en quién va a querer ocupar ese espacio cuando él no esté. Esa segunda pregunta ordena todas las demás.
La primera variable es el tamaño de la unidad. Las plantas más pequeñas suelen tener un universo de arrendatarios más amplio —profesionales independientes, servicios, especialistas— y por eso se colocan con más facilidad. Las mayores apuntan a equipos ya consolidados y a plazos más largos.
"Un activo bien ubicado no se arrienda más caro: se arrienda más rápido y se desocupa menos."
La segunda es el uso permitido. Un edificio que admite oficina, consulta médica y local comercial no depende de un solo tipo de demanda: si un rubro se enfría, el espacio sigue siendo colocable en otro. Edificio Q está pensado con esa mezcla desde el proyecto.
La tercera es la etapa de compra: en venta en verde el precio de entrada no es el de un edificio terminado, y el plazo hasta la primera renta forma parte del cálculo. La cuarta es la que menos cambia con el tiempo y por eso pesa más al final: la dirección. Una esquina con doble frente y flujo peatonal sostenido no se reemplaza con terminaciones.




